miércoles, 4 de julio de 2012

Finca Quinto de San José

 


Las bestias se solazan
cuando el horizonte
lanza subrepticiamente
sus dardos de color,
inmutables,
acostumbradas
a fuerza de terrón.
 
El campo se prepara:

Las hojas se debaten
entre caras
que pretenden ofrecer.

El águila envilece
las honduras
de los montes
de Cardiel.

Las aguas se proclaman
redentoras
de las hoces
y la mies.

Las hoces se camuflan
en los valles
como trampas
para pies.

La tierra se evapora
lentamente
en la guarda
de la hora
que se cierne.

La yegua se compone,
y el hombre se incorpora
en la estribera
intuyendo
que ya viene.

La hora de la tregua.

El efímero instante
en que el viento no respira,
la piel no se siente,
la luz se detiene
y arranca el dorado
de las cosas,
y de los seres,
subyugados,
ante el levísimo
equilibrio de la vida.

martes, 3 de julio de 2012

Recuerdo el almendro blanco



Recuerdo el almendro blanco
tras el que se truncaba
la senda por do venía.

Allí, la hierba recrecía,
lega de pies y carros,
y el viento,
pacientemente,
horadaba surcos entre ella.

Por el menos llano,
el más extremo,
me adentré.

Es fabuloso pretender,
es pretencioso fabular,
que al final del camino
inexplorado
aguarda algún final.

Pero qué fabuloso es.

Ciertamente,
el disfrute más gozoso
es la propia búsqueda,
es la caricia,
es el casi alcanzar.

Porque, a veces,
en la cumbre no hay nada
salvo regresar.
 
Recuerdo el almendro blanco
tras el que se truncaba
la senda por do venía.

domingo, 12 de febrero de 2012

Este lugar injustamente desprestigiado



La hierba está bien peinada.
El viento cumplió con su trabajo
y ahora reivindica su autoría,
reconocida unánimemente
por las dóciles ramas de los viejos álamos,
entre los que,
insolidarios, se observan algunos abrigos.
Susurra su nombre
sobre el silencio sepulcral
melosamente abrazado.
El cielo suele lucir por aquí
más claro, más cercano,
a punto de precipitarse
con su bóveda -según parece-
perforada gravemente
por las agujas hirientes
de los cipreses.
Pero nunca cae,
porque aquí todo está
exactamente como debe ser;
el cielo a punto de caer,
los setos recortados a dos pies,
las flores respetadas
sin presencia de cartel,
los hombres,
que escasos se dejan ver,
lo hacen ataviados
de domingo hasta los pies,
y las piedras tienen nombres
y los recuerdos también.
Aquí,
donde nada se comprende
-así se suele escuchar-
tampoco me alcanza a mí,
transido de incomprensión,
la tan difamada fama,
aunque también deba ser,
del poético lugar.

martes, 7 de febrero de 2012

Esencia del temor.




El ronco sonido
del rayo que te mata
sólo truena si no lo escuchaste.

Un instante de melancolía.




Levanté la vista al cielo
            sobre las crestas crecientes
            arboladas por el viento
            y descubrí mi gaviota,
            acaso que fuera otra,
            suspendiendo ya su vuelo
            sobre el mar,
            sobre mí,
            sobre el tiempo.

Volver



Volver no es empezar
de nuevo;
perdón no es condición
exacta,
sentir puede servir
al alma
en su divino trayecto
o, suele suceder,
concentre el peso
de volver.

Las hojas amarillas
se acolchan bajo el paso
ausente y distraído
del amado;
se sienten como clavos
en las plantas desnudas
de la mente.

Volver no es regresar;
quién se fue,
aun sólo un segundo,
nunca volvió del todo.

Otoño




Vaharadas de dolor
se elevan en la atmósfera
gris de la tarde,
tornando a noche
en precoz agonía.
La húmeda sinfonía
del alma presentida
se escapa a los campos,
perlando las piedras
del frío de los huesos,
cubriendo de ocres
diversos
el aire
y el suelo,
rendidas ya
las últimas esperanzas
de los álamos
decadentes.
Los átomos de materia
son sentimientos,
sus electrones
se mueven,
sin duda,
de afuera a dentro,
con sus cargas
negativas que se sienten
sin duda,
como agujas de pino
clavadas en el centro
del alma presentida.
Las brumas se escaparon
a los valles y
no han vuelto,
mas mirarlas
es sentirlas de nuevo,
su amargor,
su recuerdo,
anhelar
su dolor,
y no han vuelto.
La noche
me va tomando
y su frío espectral
estremece las ramas
del corazón
hasta someter
todo el cuerpo.
Es otoño,
ya lo siento.